Libros y feminismo

La vida de las mujeres, Alice Munro

Aunque no haya sido el objetivo de su obra, o quizás precisamente por eso, Alice Munro visibiliza de forma natural cómo el género interviene de forma implacable en nuestras vidas, organizando nuestros destinos y determinando nuestra suerte.

La vida de las mujeres es el título de esta obra escrita en 1971, pero también el late motiv del resto de su obra. De hecho, según ella misma confiesa, “no puedo ponerme en la cabeza de los hombres por una simple razón: nunca voy a poder sentir, como ellos, que lo más natural sea que todo gire alrededor de mi trabajo y mis intereses”. La comprensión de la vida en clave femenina es como el idioma en el que escribe, y no sólo se materializa en sus historias y sus personajes, sino también en el mismo uso del cuento, ya que era el formato que le permitía escribir durante las siestas de sus hijos. La literatura, según la autora, fue la forma de seguirse encontrando a ella misma, “más allá de ser mujer o madre”.

Los relatos que componen el libro recogen distintos momentos de la vida de la protagonista, a la que seguimos con tanto interés como a los personajes que la rodean, cuyas historias entrevemos casi sin que nos sean contadas.

“Marion se había sumergido en el río Wawanash. La gente siempre decía “sumergido”, aunque en el caso de la señorita Farris habían dicho que se había “tirado” a él. Dado que nadie había visto hacerlo a ninguna de las dos, la diferencia debía provenir de la diferencia entre las mujeres en sí, ya que la señorita Farris era impulsiva y dramática en todo lo que hacía, mientras Marion Sheriff era intencionada y parsimoniosa”

En el libro encontramos algunas experiencias mundanas y, a la vez, alarmantes, del despertar sexual de la protagonista. En uno de los relatos, propio de una Lolita canadiense, este despertar la lleva a cruzar peligrosas líneas con un adulto amigo de la familia. En este caso, la autora es capaz de crear una trama que entrelaza en una misma situación diferentes momentos vitales de las y los protagonistas, y nos da retazos con los que podemos recomponer la historia entera, sin saber del todo si la misma protagonista es capaz de entenderlo. Sus reflexiones (“el señor Chamberlain asumía sin ninguna dificultad que en mí había traición, así como una sensualidad criminal, a la espera de ser utilizada (…) ¿Habría dado con mi verdadera personalidad?”) llenan de profundidad y matices una situación que trasciende la agresión sexual, siendo presentado desde sus múltiples puntos de vista y encadenándola en toda una trama de relaciones que va mucho más allá del momento explicado.

En otro de los cuentos, observamos la bifurcación vital que experimenta la protagonista con su amiga de siempre, la cual, tras un curso de secretariado, se enfoca a ser una mujer casada. Somos testigos de los pasos decididos que la acercan a su objetivo: la compra del ajuar, el cuidado de su imagen, los nuevos conocimientos sobre cocina y costura y los chicos que se convierten en candidatos a marido. Este camino parece alejarla no sólo de su amiga, sino también de la niñez. El estupor de la protagonista ante estos nuevos temas de conversación (“las chicas acicaladas me daban pavor”) es también motivo de unas reflexiones que, en el fondo, giran en torno a lo que supone ser adulta y el tipo de adultez que se elige cuando se es mujer: “me asombraba e intimidaba su nueva personalidad ensimismada. Parecía ir millas por delante de mí. A donde ella iba yo no quería ir, pero Molly parecía tener interés en que lo hiciera. Ella estaba haciendo progresos. ¿Podía decirse lo mismo de mí?”.

La lejanía temporal con las historias relatadas no nos alejan de las cuestiones vitales que despiertan en sus protagonistas, sino al revés, nos permiten tomarlas con la suficiente distancia como para poder identificarlas en sus otras formas, en nuestra sociedad actual. El mantenimiento de muchas de las formas de ser mujer en la actualidad, aunque vistan de formas diferentes, así como de las dudas y soledad que comportan las transgresiones, trascienden del pueblo de Ontario y se acercan a nuestra realidad. En muchos casos nos acercan a los personajes más peculiares del pueblo, a las mujeres solteras, a quienes quieren huir de él, y su contexto absorvente nos acerca a las relaciones de personas que se sienten cercanas por ser diferentes a los demás. En esta galería de personajes, destaca la madre de la protagonista, un personaje muy rico y lleno de contrastes, que se explora con más profundidad en otros de los libros de la autora, pero que ya aquí destaca. Su feminismo es exótico y anacrónico en una sociedad conservadora y rural, pero su forma de vivirlo y la distancia que toma su hija de sus opiniones ensalzan su actitud a la manera de Munro, haciéndola mundana y sencilla.

(las opiniones de la autora están extraídas de la entrevista de La Vanguardia disponible en: http://www.lavanguardia.com/cultura/20090527/53712129215/alice-munro-ya-no-sirvo-para-una-vida-normal-he-escrito-tantos-anos-que-no-se-hacer-nada-mas.html)

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