Feminisme, Masculinitat

La cultura de la violación

 Hace años que las teorías feministas consideran el concepto de la cultura de la violación. Según éste, nuestra cultura ha asumido la violación de una manera perversa, ya que no sólo se considera como una herramienta para mostrar la dominación de un hombre sobre otra persona (mujer en el 90% de los casos), sino porque el imaginario social nos dice que las violaciones son sexis, que cuando un hombre insiste y fuerza la situación, al final a la mujer le gusta.

Este erotismo de la violación lo hemos visto explicitado en campañas publicitarias, como la de Dolce and Gabanna que precisamente anunciaba ropa de mujer colocándola en una situación de violación en grupo. Y es que, en nuestra cultura de la violación, las mujeres se hacen las duras para provocar, para ligar, por ello, el no es siempre entendido como un quizás. Y si hay un error, es que no lo dijeron lo bastante claro. Muestra de ello es parte de la sentencia del juicio de la manada, en la que analizan todo aquello que no había hecho ella, porque “su expresión no evidenciaba oposición, rechazo, disgusto, asco repugnancia” y un largo etcétera, en lugar de analizar lo que sí pasaba en la situación. Porque dejar  puede no ser consentir, pero tampoco es negarse. Un argumentario bastante absurdo si, por ejemplo, lo extrapolamos a un robo a mano armada. Tod@s sabemos que lo mejor es colaborar, pero que eso no quiere decir que les demos el dinero porque queremos, o que nos guste que nos roben.

La víctima de la violación de la manada, los días posteriores a su violación en grupo, sentía culpa. Se sentía culpable porque sentía que podría haber hecho más para evitarlo. Porque, cuando una mujer es violada, al contrario de cuando la atracan, es de esperar que haga muchas cosas, que trate de huir, que imponga resistencia y que pida socorro al momento. Pero hizo lo que le parecía menos malo: intentar que usaran la mínima violencia y que pasara rápido. Esto conecta fuertemente con el sentir de muchas mujeres, que seguro, se han planteado qué harían ellas en un caso así. Porque es casi una decisión política y trascendental. En un atraco puedes equivocarte, pero en una violación, no. Pero la realidad es que muchas mujeres elegirían lo mismo: salir vivas de la situación, y elegirían bien.

Pues parece que eligió mal. Todo hubiera sido más fácil si hubiera luchado, si hubiera provocado que la pegaran, aunque fuera un poco, y hubiera explicitado que eso tampoco le gustaba, claro. Porque en el juicio lo que se midió no fue, como hubiera sido lógico en cualquier agresión, la descompensación de fuerzas entre agresores y agredida, ni el hecho de que fuera una violación organizada y ejecutada de forma coordinada y premeditada, ni que hubiera tan mala voluntad incluso como para robarle su único recurso en una ciudad desconocida: el móvil (algo que incluso al juez más reticente le pareció descortés). Lo que se midió fue su resistencia a la acción. Porque es de esperar que a una mujer le guste tener sexo con cinco hombres, y es ella quien tenía que demostrar que no era así. Y ella lo sabía, como lo sabemos todas. Y por eso, según su testimonio, los días posteriores a los hechos, su mayor sentimiento fue la culpa. Porque cuando explicamos que un hombre insiste peligrosamente en acostarse con nosotras, los hombres en quienes confiamos hacen algún comentario sobre lo guapas que somos o que puede ser que provoquemos. Porque parece raro que no nos guste que opinen bien y mal de nuestro cuerpo al pasar, y parece mentira que nos ofendamos cuando nos siguen por la calle o nos insisten hasta el agotamiento para que les besemos.

Pero lo que no se ha tenido en cuenta en el juicio es que la violencia de género y el acoso sexual son problemas del sistema, normalizados por la sociedad y reproducidos por las instituciones. La violencia sexual sigue siendo una forma de dominación ampliamente utilizada en la guerra, en la calle, en las relaciones de pareja, y, pese al rechazo teórico unánime, seguimos sin encontrar una práctica política y jurídica que haga efectivas las buenas intenciones que todo el mundo parece tener. Este juicio ha sido más que un juicio, ha supuesto una ruptura emocional de muchas mujeres con el sistema judicial. Han evidenciado lo vulnerables que somos ante los hombres que nos agreden y que son protegidos por el sistema que juzga los casos. Si en una situación tan extrema como ésta la justicia no lo considera violación, como vamos a creer en una protección efectiva contra la violencia que sufre la mitad de la población diariamente?

 

Foto de portada de elPeriódico

1 comentario en “La cultura de la violación”

  1. Superbien explicado, lo comparto absolutamente. En esta sociedad ha sido un tema recurrente, tanto en publicidad, como incluso en los cines, sólo tenemos que mirar películas de la época dorada de Hollywood, donde actrices como Rita Haywort, Greta Garbo, Sofia Loren,etc… interpretan a mujeres sexys pero acosadas e incluso maltratadas por los hombres de su entorno. Demasiado integrada ésta cultura patriarcal incluso entre nosotras las mujeres. Aunque ahora quizás despertemos después de tantos años de letargo y no precisamente gracias al beso de ningún príncipe!.

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