Feminisme

Por qué decir feminazi, te hace ser nazi

Se comenta que la RAE podría recoger el término «feminazi» en calidad de neologismo, ya que esta entidad suele recoger palabras que tienen mucho uso.

Y es que si nos damos un paseo por la red nos encontramos comentarios, memes y demás recortes virtuales que demuestran esta utilización. Bien, hasta aquí de acuerdo con el funcionamiento de un organismo que se encarga de recoger los términos de una lengua y sus dinámicas léxicas.  Por otro lado la RAE, también podría recoger «heteropatriarcado», también en calidad de neologismo y todos contentos. Sin embargo, me parece que hay un matiz que diferencia ambas palabras y esto son las connotaciones. De hecho, debería prohibirse el uso de «feminazi» por comparar un régimen totalitario y genocida con una reivindicación social de igualdad, mientras que «heteropatriarcado» describe una posición de privilegios del machismo heteronormativo que discrimina al resto de géneros y sexualidades. Bien, pero como nunca he sido defensor de la censura, ni de la postensura, prefiero dar más argumentos para que el término «feminazi» deje de utilizarse por convicción y no por prohibición.

El posmachismo viene con aires renovados y lo que antes eran ataques e imposiciones, ahora utiliza el espectáculo y los medios para criticar de forma mordaz. Vayamos al origen. El término lo popularizó un locutor de radio, republicano, conservador, religioso y antiabortista estadounidense y muy amigo de Trump llamado Rush Limbaugh, allá por el año 92. El individuo es un estereotipo y militante del heteropatriarcado, cuya masculinidad hegemónica y machismo recalcitrante le ha llevado a comparar en su show radiofónico a al derecho al aborto, con el holocausto nazi. No obstante, como la ignorancia es atrevida y más si te aplauden los cuatro garrulos que escuchan tu programa, debemos recordar que Hitler cerró las clínicas de planificación familiar y persiguió a las abortistas alemanas por considerarlo un crimen contra el régimen. Así se lo recordó Gloria Steinem en 1996, recordando como el nazismo hostigó al potente feminismo alemán condenando a mujeres eminentes como Helene Stöcker, Clara Zetkin y Trude Weiss-Rosmarin, que acabaron exiliadas o asesinadas en campos de concentración.

Así que antes de utilizar un término a la ligera, es más inteligente analizar sus connotaciones, sus errores históricos, sus falacias de comparación y su intencionalidad, sobre todo si viene de un machista que busca invisibilizar todo un género en su legítima reivindicación y compararla con invadir Polonia, asesinar a millones de personas en cámaras de gas, torturar a niños con experimentación bajo la ideología proaria y fusilar judíos, negros, gitanos y demás etnias consideradas inferiores. ¿O es que algún grupo feminista ha creado algún campo de concentración y no me he enterado?

Lo que más me llama la atención es que los mismos posmachistas que utilizan este término, son los que hablan de denuncias falsas (recordemos que según la Memoria 2016 de la Fiscalía General del Estado, representan sólo el 0,014% del total), dicen aquello de «ni machismo, ni feminismo; igualismo» (El neomachismo reivindica la igualdad. Pero lo hace como si ahora no hubiera desigualdad y como si nunca la hubiera habido, ese es el error) o aquel argumento simplista de: «no hay violencia de género, solo hay violencia» (como si el maltrato y los feminicidios no tuvieran nada que ver con la relación de poder de un hombre hacia una mujer).

Dejemos de añadir la palabra nazi como un sufijo insultante a cualquier lucha legítima que nos incomode y nos cuestione y reflexionemos sobre lo que se nos demanda. Revisemos, deconstruyamos y reajustemos los constructos sociales para un mundo más justo.  Evitemos que el odio y la ignorancia conviertan a nuestro mundo en un campo de concentración ideológico donde se ridiculice las luchas por los derechos sociales que son parte de la Historia desde antes que el nazismo.

 

Ilustración de Fernando Vicente

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