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La prostitución “halal”, por Hakima Abdoun

La activista Hakima Abdoun

Mantener relaciones sexuales fuera del matrimonio en el Islam supone un grave pecado. En muchos países islámicos se considera delito y está penalizado. Por ello se recurre a la época medieval para justificar la prostitución. ¿Y cómo se alega? No hay nada que supone mucho esfuerzo en el islam. Todo tiene solución. El Islam como religión verdadera y única, cuando indica algo, es porque es verdad absoluta. Si nuestro Dios decidió prometernos vírgenes en el cielo a cambio de no cometer pecado en la tierra, es por algo. Es uno de los motivos claro de la represión sexual en las sociedades islámicas. El sondeo realizado en Marruecos por “L’Economiste” es clave para determinar las patologías sociales del país. Un 88% de los encuestados está en contra de las relaciones sexuales fuera del matrimonio. Sin embargo, los datos reales nos indican que hay 700 abortos clandestinos al día en el país. 

Puesto que relacionarse fuera del matrimonio se considera un gran pecado, hagamos de manera que sea fácil de asumir para el “pobre” sexo masculino. De esta forma, se evitan las tentaciones. Si bien nos educan para ganar el paraíso cuando morimos, las mujeres no tenemos nada garantizado. En cambio, a los hombres se les promete unas cuantas vírgenes y ríos de alcohol. Todo aquello que no pueden hacer en vida, lo harán en el paraíso. 

Y mientras tanto, al hombre se le da soluciones para no caer en las tentaciones y provocaciones de las mujeres. El Islam es una religión pura, sin defectos y resulta muy resolutiva para proteger al “desafortunado” sexo masculino. Hay diferentes maneras para evitar caer en el pecado. Y aún quedando algún tema sin regular, ahí están los jeques y los ulemas para iluminar el camino correcto. 

Una de las soluciones es la poligamia. No cualquiera se siente afortunado de tener un permiso divino para llevar al altar hasta cuatro doncellas, por eso en muchas ocasiones se justifica de la siguiente manera: la poligamia tiene muchos beneficios y, el primero, es la prevención de la propagación de enfermedades. Gracias a ella, los hombres musulmanes, evitan caer en las relaciones ilícitas. Entiende que, de esta forma, se previenen las enfermedades, adoptando medidas para practicar el coito dentro de la legitimidad religiosa y acorde con sus deseos sexuales. Los polígamos aseguran que si no fuese por la poligamia hubieran cometido muchos pecados. Entonces, por qué hacerlo si su religión le permite la prostitución sin sentir ningún remordimiento.

En la poligamia, el hombre está obligado a igualar a “sus” esposas. De hecho, es un requisito “fundamental” en el Islam el estar capacitado económicamente para ser polígamo. Pero ¿para qué complicarse la vida si podemos acudir al matrimonio Misyar?. En esta relación, la mujer está obligada a renunciar completamente a sus derechos: la vivienda, la pensión alimenticia, los deseos, etc. En opinión de los eruditos islámicos, es un matrimonio legal, por lo que la característica más destacada es que la mujer es completamente libre de renunciar a sus derechos. 

Veamos ahora el matrimonio por diversión. Aunque es un tema discutido entre las ramas del Islam (chiitas y sunitas), su práctica ha extendido bastante entre Irán, Arabia Saudí, los países del Golfo y está llegando a los países norteafricanos. Está es otra cobertura religiosa a la prostitución en toda regla. El “desafortunado” sexo masculino no puede controlar sus deseos y no le basta con una mujer. Es por eso que puede volver a casarse con otra mujer, con la finalidad de obtener diversión. En este matrimonio, el hombre se casa a cambio de algo de dinero y por un período determinado. Este “contrato” termina en el plazo especificado sin divorcio y no tiene condiciones como pensión alimenticia o vivienda, así como tampoco se genera una herencia si uno de los cónyuges muere antes que el otro. Los eruditos indican que está prohibido en la ley islámica, pero se lleva a cabo y está a la orden del día, al igual que el matrimonio secreto.

Ésta otra práctica, conocida por Nikah Urfi, es muy habitual en Egipto y es semejante a un matrimonio pero sin ceremonia pública. Se lleva a cabo cuando una mujer no permite que su marido sea polígamo. Es entonces cuando él puede contraer matrimonio en secreto con su amante sin que la policía de la moral islámica les detenga. Ahora bien, si se produce un embarazo y el padre no quiere reconocerlo, ella tiene que asumir la responsabilidad. Si toma la decisión de abortar, acto totalmente ilegal, es más fácil y probable que la detengan a ella por cometer adulterio. 

Realmente, hace falta una revolución sexual que destape todas las represiones que vivimos en estas sociedades creadas por y para el hombre. El hombre posee derechos en la vida real y adapta a su medida las normas  para poder alcanzar lo prometido en el paraíso. En cambio, las mujeres tenemos que vivir sometidas, humilladas, denigradas y además se nos pide ser decentes, modestas y respetar unas normas vejatorias para alcanzar lo mismo, ir al paraíso. Allí, otra vez, nos encontraremos entre las 72 vírgenes prometidas al hombre. ¡Nos vemos en el infierno!

Article publicat originalment al Diari de Tarragona, edició 15/02/2020

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